Estaba frente a ella oyendo cada una de sus historias, complementadas con las anécdotas de su marido, que también hablaba moviendo mucho las manos y todo el cuerpo. De verdad se creían todo lo que contaban, y bueno, pienso yo, así debe ser, sino no podrían hacer lo que hacen…pero en que momento cambió ella, mi amiga…ella es mi amiga…las historias continuaban junto con las imágenes en la pantalla de su LCD, o plasma, o que se yo, para mi en su TV, que avalaban lo que contaban…pero las imágenes se empezaron a distorsionar, pensé que eran mis ojos, o las copas de más que ya tenía encima.
Froté mis ojos, pero ahí estaban esas imágenes, éramos nosotras, pero más jóvenes y más sonrientes, con menos responsabilidades y más sueños…ahí estabamos, mi amiga y yo, fumándonos un buen porro, mientras me hacía reír de buena gana, sentadas en una plaza a media luz, con frío, pero con la boca tibia del buen vino cartoner que bebíamos.
Cuando giré a verla me percaté que no nos veía, ella y yo en la pantalla, ella ahora ve sus historias policiales, porque ahora es una policía, y todo le da miedo, y todo es malo, y por eso tiene ochomilcuatrocientoscuarentaycinco seguros en su puerta…y ahí seguimos en la pantalla, riendo a carcajadas porque oímos como se comunicaban los zorzales en la madrugada, porque decodificamos como se agarraban a chucha’…de repente las imágenes saltaron: una noche de sábado al final de ese camino de tierra, esperando por un pájaro gigante que pase justo por encima de nuestras cabezas, más risas, más porros y más alcohol, conversaciones triviales, con
sueños incluidos.
Ahora la veo cómo cree que goza con sus amigos policías, caminando por Cartagena, pidiendo identificación y controlando que nadie se salga de los límites establecidos por esta sociedad.
Pero llego yo, y SAS!!, la hago ver y reír como antes, pero sin porros ni mucho alcohol, que nótese, eso sí no faltará jamás, un buen vino y una buena canción para ti.
Froté mis ojos, pero ahí estaban esas imágenes, éramos nosotras, pero más jóvenes y más sonrientes, con menos responsabilidades y más sueños…ahí estabamos, mi amiga y yo, fumándonos un buen porro, mientras me hacía reír de buena gana, sentadas en una plaza a media luz, con frío, pero con la boca tibia del buen vino cartoner que bebíamos.
Cuando giré a verla me percaté que no nos veía, ella y yo en la pantalla, ella ahora ve sus historias policiales, porque ahora es una policía, y todo le da miedo, y todo es malo, y por eso tiene ochomilcuatrocientoscuarentaycinco seguros en su puerta…y ahí seguimos en la pantalla, riendo a carcajadas porque oímos como se comunicaban los zorzales en la madrugada, porque decodificamos como se agarraban a chucha’…de repente las imágenes saltaron: una noche de sábado al final de ese camino de tierra, esperando por un pájaro gigante que pase justo por encima de nuestras cabezas, más risas, más porros y más alcohol, conversaciones triviales, con
sueños incluidos. Ahora la veo cómo cree que goza con sus amigos policías, caminando por Cartagena, pidiendo identificación y controlando que nadie se salga de los límites establecidos por esta sociedad.
Pero llego yo, y SAS!!, la hago ver y reír como antes, pero sin porros ni mucho alcohol, que nótese, eso sí no faltará jamás, un buen vino y una buena canción para ti.
A pesar de que Tú ya no eres tan Tú, y Yo ya no soy tan Yo (como me dijiste meses atrás), Tú y Yo seguiremos siendo amigas como las Tú y Yo que éramos en los tiempos de los zorzales chuchetas.

